A cien años de la asunción de Enrique Del Valle Iberlucea, primer Senador Socialista de América

Enrique Del Valle Iberlucea

El 30 de marzo de 1913, hace exactamente un siglo, el Socialismo argentino accedía por primera vez al Senado Nacional de la mano de Enrique Del Valle Iberlucea, quien asumió su banca en la Cámara Alta de la Nación en representación de la Ciudad de Buenos Aires. Así, Del Valle Iberlucea se convertía en el primer senador socialista de Argentina y del continente americano.

A pesar de que enfrentaba en el Senado de entonces un ambiente hostil a sus ideas, desarrolló una intensa labor parlamentaria. Entre 1913 y 1917 se abocó a promover una legislación que resguardara los derechos de los trabajadores. Presentó proyectos que establecían la jornada de ocho horas y la reglamentación del trabajo a domicilio. Planteó la creación de un Consejo Económico del Trabajo como mecanismo de participación de los trabajadores en el control de las industrias y de los servicios. Formuló una propuesta de democratización de la forma de elección y la composición del Senado, criterio que sería incorporado -más de 80 años después- en la última reforma de nuestra Constitución en 1994. Mantuvo una estrecha vinculación con las luchas por los derechos de la mujer, continuando la labor de Alfredo Palacios respecto de las leyes protectoras del trabajo de las mujeres y niños.

Esta intensa y prolífica trayectoria legislativa se vio truncada cuando Del Valle Iberlucea fue desaforado por la expresión de sus opiniones políticas con relación a la Revolución Rusa de 1917 y falleció poco tiempo después, sin oportunidad de defenderse frente al avasallamiento de la libertad de pensamiento y opinión.

Enrique Del Valle Iberlucea

Emigró a la Argentina desde su España natal en 1885, radicándose en Rosario en 1886, ciudad a la que estuvo ligado por lazos familiares y amistosos toda la vida. En Rosario no sólo completó sus estudios secundarios sino que también comenzó a destacarse por su espíritu combativo e inquieto, ávido de cultura y acción. Recién en 1896 se radicaría en Buenos Aires, donde desarrollará toda su actividad política. Sus restos descansan en el Cementerio del Salvador de nuestra ciudad y una placa lo recuerda en el Paseo de los Ilustres.

En este año en que celebramos las primeras tres décadas de continuidad democrática, la memoria de Enrique Del Valle Iberlucea nos invita a reflexionar sobre el respeto a la pluralidad de ideas como valor esencial de una sociedad democrática, que debe ser preservado frente a cualquier afán de imponer un pensamiento único. Un Estado democrático no sólo debe promover, sino que debe ser garante de la diversidad de opinión, el diálogo y la tolerancia.

El centenario de la asunción de Del Valle Iberlucea nos encuentra también en un gran momento del socialismo argentino. Hay un modelo de gestión y de construcción política que ha dado muestras de su capacidad para transformar la realidad en Rosario y ahora en la provincia de Santa Fe, manteniendo los principios y valores históricos del socialismo. El socialismo que soñaron Juan B. Justo, Alfredo Palacios y Enrique Del Valle Iberlucea, hace más de un siglo, comienza a visualizarse ahora como un proyecto real y posible para la Argentina, un proyecto que supere las experiencias democráticas anteriores con más democracia, más igualdad y más libertad.

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