El lavado de dinero y la economía de la corrupción

Ernesto Bertani, Alto riesgo. 1994

Ernesto Bertani, Alto riesgo. 1994

En las últimas semanas, las denuncias sobre los vínculos directos que conectan el funcionamiento de redes financieras ilícitas con los más altos niveles del gobierno nacional pusieron nuevamente sobre le tapete el tema de la corrupción y el lavado de dinero. A las acusaciones que surgieron a partir de investigaciones periodísticas, la Presidenta Cristina Fernández respondió con un silencio absoluto y la sanción express de una serie de inéditas medidas para el blanqueo de capitales de origen dudoso. Un gobierno habla por sus actos y favorecer el blanqueo de dinero proveniente de la evasión fiscal en el mejor de los casos, cuando no del narcotráfico, la trata de personas o el tráfico de armas entre otros ilícitos, es inmoral y profundamente negativo como mensaje a los sectores de la producción y el trabajo.

El Poder Judicial tampoco parece dar señales de un activo compromiso con el desmantelamiento del entramado que cubre y protege a estas organizaciones que requieren para su funcionamiento de complicidades activas o pasivas de distintos niveles del estado. No se inician las causas judiciales o no se procede con la celeridad y potestades que otorga la ley en la investigación y sanción de toda la cadena de responsabilidades.

Los efectos de esta forma de blanqueo de dinero sobre la economía productiva son devastadores. Los grandes volúmenes de capital acumulados a través de actividades ilegales, ingresan por estos mecanismos en la economía formal; compitiendo de forma desleal con los sectores que operan en el marco de la ley.

Por otro lado, parte de estos capitales provienen de la evasión de impuestos, por lo que representan una defraudación al Estado argentino y a toda la sociedad. Ingresos que podrían haber sido utilizados, por ejemplo, para la construcción de obra pública, para el financiamiento de las políticas sociales o para la ampliación del sistema de seguridad social.

El mecanismo de blanqueo de capitales propende así, a una concentración cada vez mayor de la riqueza generada en pocas manos. Es uno de los mecanismos que reproduce y amplía la distancia entre el sector social más rico de la Argentina y los más desposeídos.

Pero lo más importante, es comprender que el lavado de activos promueve y alimenta al delito que los genera. Si el dinero que proviene de acciones ilícitas puede ser ingresado al sistema legal, ello promueve la reproducción del delito que le dio origen a ese capital. Dicho de otro modo, introducir dinero ilegal al sistema no es diferente de comprar un artículo robado. Si compramos un celular, una cámara de fotos o un vehículo robados, promovemos el robo de esos artículos. De igual modo, si legalizamos dinero del narcotráfico y la corrupción, estamos promoviendo esos delitos.

Es una dramática paradoja, que un gobierno nacional que agita banderas de justicia social y se declama progresista, proponga, implemente y sostenga este tipo de políticas regresivas que promueven el delito y la impunidad en nuestro país.

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