La mujer y la política en Argentina

Alicia MoreauLa lucha por la libertad, la igualdad, la solidaridad; la defensa de los derechos de los sectores de la sociedad explotados o excluidos, es parte de la esencia política de la izquierda en general y del socialismo en particular. Históricamente, allí donde se encuentra presente, el socialismo ha jugado un rol fundamental en el avance de los derechos de los trabajadores, de los ciudadanos en general, y en particular los derechos de las mujeres. Esta incansable lucha cuenta entre sus protagonistas a mujeres y hombres, que con mirada vanguardista reivindicaron la igualdad de género desde la base misma de sus acciones. En Rosario en particular recordamos a figuras como Virginia Bolten, dirigente anarquista de los trabajadores de las refinerías de azúcar, que encabezó el primer acto de conmemoración del Día de los Trabajadores, en 1890.

Quien quizás mejor simboliza en el socialismo argentino esta lucha por los derechos de las mujeres a la participación plena en la vida pública es Alicia Moreau de Justo, primera mujer argentina en ocupar un cargo político. Desde la dirección del partido, en las décadas de 1920 y 1930 impulsó la formación de las “Agrupaciones Femeninas” en cada Centro Socialista, con el fin de organizar la acción política de sus congéneres. Esto diferenció desde sus orígenes al Partido Socialista de otros partidos políticos de la época, porque siempre contó entre sus filas con una gran cantidad de mujeres, con inquietudes y voluntad.

La constante e incesante tarea militante de los hombres y mujeres del socialismo en las primeras décadas del Siglo XX ayudó a preparar el terreno y madurar las condiciones para la consagración de derechos a las mujeres en las siguientes décadas.

El socialismo presentó los primeros proyectos reivindicando derechos civiles, políticos y sociales de las mujeres. En 1932 Alicia Moreau elaboró un proyecto de ley de sufragio femenino, que fue presentado por el diputado socialista Mario Bravo y del que se obtuvo media sanción, en medio de una amplia movilización y presión de las organizaciones feministas. Sin embargo, este proyecto fue rechazado por el Senado, donde predominaban ampliamente los conservadores.

Así, será recién durante el gobierno de Juan D. Perón cuando finalmente se concreten algunas de estas reivindicaciones, de las mujeres y de la sociedad, que mucho antes habían planteado los socialistas en el parlamento. La sanción de la ley 13.010 en 1947, de sufragio femenino, marcó finalmente la institucionalización de la participación de las mujeres en la vida política argentina. Sin duda, en la concreción de ese derecho, el rol de Eva Duarte es insoslayable. Evita, figura emblemática de la política argentina, destacada dirigente del movimiento popular más arraigado en nuestro país, el peronismo, fue además quizás la primera mujer que logró un fuerte reconocimiento ciudadano y popular desde la política en la Argentina del siglo XX.

La presencia femenina en cargos públicos fue consolidándose desde entonces. A ello contribuyó la sanción de la ley 24.012, que incorpora el sistema de discriminación positiva para la participación de la mujer en la vida política. Este hecho marca un avance y amplia el espacio para las mujeres, que han pasado en los últimos años, de ocupar ámbitos exclusivamente legislativos, a desempeñarse también en importantes funciones ejecutivas. Así, hoy somos gobernados en el país y en la ciudad de Rosario, por mujeres. De la misma manera ha ocurrido en América Latina con los casos de Dilma Rousseff en Brasil y de Michelle Bachelet en Chile.

Sin embargo, a pesar de estos avances, hay aún mucho por transitar en este camino. Creo que todavía hay fuertes resabios de una cultura ancestral en nuestra sociedad que tienen que ver con la discriminación de la mujer, la desvalorización y el relegamiento  respecto de sus posibilidades de ocupar espacios en distintos ámbitos, no sólo en la actividad política, sino también en la actividad social, empresarial, académica, científica. En este sentido todavía hay muchas barreras que derribar, prejuicios que tienen que ver con un formato cultural que hemos heredado a lo largo de muchos siglos.

Esta lucha no terminará nunca, porque la igualdad es una meta, un objetivo que siempre plantea nuevos desafíos. Pero ello no debe desanimarnos; por el contrario: para enfrentarlos con éxito es necesario renovar permanentemente la energía y el compromiso y continuar avanzando en la tarea de promover y alentar la participación de todos y todas en la construcción de una democracia de mayor intensidad. Porque la política para el socialismo es una herramienta para el cambio y el progreso de las sociedades, y quienes lideran esos procesos deben dar el ejemplo poniendo en práctica y en actos los valores que predican.

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