Extender las fronteras de lo posible

Elecciones FPCyS 006

Foto: Silvio Moriconi

Analizando los resultados de las últimas elecciones podemos interpretar claramente que la mayoría de los santafecinos eligen hoy, como lo hacen desde hace seis años y mucho antes en la ciudad de Rosario, una agenda progresista en términos parlamentarios; pero también en términos de gestión, ratificando el apoyo a un rumbo de gobierno que se plasma en logros concretos: políticas sociales, educación, salud pública, políticas de descentralización y fortalecimiento de la democracia local, infraestructuras, producción.

Muchos argentinos miran hoy la experiencia del Frente Progresista en Santa Fe como una propuesta que genera expectativa, esperanza; una alternativa a dinámicas y propuestas populistas que no han logrado quebrar el círculo de frustraciones, de impotencia, de fracasos que caracteriza a la Argentina de las últimas décadas, en la tarea de resolver los problemas estructurales del país. Es la primera vez que un frente de izquierda, programático, accede al gobierno de una de las más grandes ciudades primero, y a una de las más importantes provincias después, y logra continuar en el gobierno impulsando gestiones transformadoras que son revalidadas una y otra vez por el voto ciudadano, al tiempo que la alianza política gana en diversidad y amplía sus bases. Es a partir de esta experiencia que logramos también, desde hace un tiempo, una presencia creciente en el escenario político nacional. El socialismo, motor del Frente Progresista, es hoy una organización política y además una idea, una concepción de la sociedad,  con una larga historia, con un presente muy importante y sobre todo -como desde sus inicios- sigue siendo el nombre del futuro.

La experiencia santafecina genera expectativa y entusiasmo porque es una construcción política que desde sus orígenes se conformó de abajo hacia arriba y esa impronta es la que se refleja en sus estructuras, en la concepción de la política pública y de la democracia participativa. Las democracias modernas se reinventan, adquieren un nuevo impulso a partir de esta tensión entre representación y participación, y creo que nosotros hemos logrado una articulación exitosa en ese equilibrio necesario entre gobierno y democracia de participación.

Nuestra experiencia en la gestión pública también se dio como un proceso de abajo hacia arriba, a partir del gobierno de la ciudad de Rosario y otros municipios primero, hasta llegar a la gobernación provincial. Ese impulso seguro, de cimientos firmes, sustentados en un amplio conocimiento de la realidad local y regional, es el que nos impulsa a plantear un proyecto nacional, que requiere la concurrencia de más fuerzas políticas que coincidan en los valores e ideales que guiaron hasta aquí nuestra experiencia, y sobre todo, compartan una visión de futuro común.

Hoy sabemos además que los procesos de transformación necesitan de amplios consensos, de la participación de los sectores más dinámicos, y requieren también de organizaciones de cuadros técnicos y políticos con capacidad de liderar esos procesos, de interpretarlos, para leerlos adecuadamente y proponer las alternativas más viables y equitativas.

Se abre una oportunidad excepcional para un progresismo auténtico en Argentina. Avanzamos en la perspectiva de construir una verdadera alternativa nacional con posibilidades de llegar al gobierno. Este sueño que alimentaron los socialistas a lo largo de más de 117 años de existencia en Argentina, este horizonte de todos aquellos que nos incorporamos a la militancia en esta organización política, hoy está muy cerca. Por eso es necesario poner el mayor empeño, la máxima energía en el objetivo y no distraerse en cuestiones secundarias. Hoy necesitamos construir la alternativa política que esté a la altura de las necesidades y de las expectativas de los argentinos. Esa es la meta que tenemos por delante y el desafío de largo aliento que debemos poner en práctica desde ahora. El escenario está planteado. Nuestra tarea es, en definitiva, extender las fronteras de lo posible. Nada menos.

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