El desafío de una nueva democracia

30aniosDurante 2013 estamos celebrando treinta años de democracia sostenida en la República Argentina, que comenzaron aquel 10 de diciembre de 1983. Recuerdo perfectamente esos días porque había una gran efervescencia en nuestro país. Quienes éramos jóvenes en aquel momento teníamos una gran esperanza, una gran ilusión en ese proceso democrático que comenzaba y dejaba atrás la larga noche de la dictadura militar, con todo lo que ello representó de traumático, de doloroso para el pueblo argentino.

Esas ilusiones, esas esperanzas que muchos ciudadanos habían depositado en la figura de Raúl Alfonsín se vieron cumplidas en parte, pero tal vez no en toda su dimensión. No toda esa expectativa fue satisfecha por los sucesivos gobiernos que tuvimos en la República Argentina.

Treinta años después -si tenemos que hacer un balance- podríamos decir que hemos avanzado desde el punto de vista de la consolidación de la institucionalidad y la cultura democrática. Hoy a ningún argentino se le cruza por la cabeza la posibilidad de volver a aventuras golpistas propias de las décadas anteriores a  los años ‘80.

Pero también es cierto que todavía tenemos instituciones débiles, que no hemos logrado consolidar un régimen federal que realmente contemple la realidad de las provincias, que no hemos podido resolver a través del sistema democrático los problemas centrales de la Argentina, que ya teníamos hace treinta años. Como la pobreza estructural, la exclusión social, las carencias del sistema educativo, los problemas de la vivienda y el hábitat –sobre todo en las grandes ciudades-, nuestros enormes déficits de infraestructura, en materia ferroviaria, de transporte, en términos energéticos.

Estos grandes problemas de la Argentina siguen pendientes y aquella proclama que tan gráficamente hacía Raúl Alfonsín cuando decía que con la democracia se come, se cura y se educa resulta de alguna forma una promesa que todavía hoy sigue incumplida. Por lo tanto me parece que el gran desafío que tienen las fuerzas políticas en nuestros días, y particularmente el Partido Socialista que ha conformado a nivel nacional al Frente Amplio Progresista, es justamente lograr un avance cualitativo en el sistema democrático de la Argentina; que nos permita en la próxima década de democracia -la que estamos iniciando- impulsar un cambio sustantivo en la calidad de nuestras instituciones, en el grado de profundidad y de compromiso ciudadano de nuestra democracia y fundamentalmente en el abordaje de aquellos problemas estructurales, que como decíamos siguen todavía pendientes y muy presentes en la vida de nuestro país.

Confiamos en que las nuevas generaciones, los jóvenes que nacieron ya en democracia y que hoy tienen menos de treinta años, sean los que lleven adelante este gran proyecto para la Argentina. Que impulsen, le den fuerza y energía a una nueva propuesta, progresista y democrática, que permita llevar a su realización aquellos sueños, aquellas ilusiones que todos teníamos al recuperar la democracia aquel 10 de diciembre de 1983.

 

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