Guillermo Estévez Boero, constructor de utopías posibles

Ayer, sábado 28 de diciembre de 2013, se cumplieron 83 años del nacimiento de Guillermo Estévez Boero. Comparto aquí mis palabras en ocasión del homenaje organizado por la Municipalidad de Rosario en el Paseo de los Ilustres del Cementerio El Salvador, donde se descubrió una placa en su memoria.

Guillermo Estevez Boero

Guillermo Estevez Boero, en su juventud

Me tocó muchas veces colocar estas placas, descubrirlas y rendir homenaje a muchísimos rosarinos ilustres. Es un privilegio para mí poder hacerlo ahora desde otro lugar, a un hombre que dejó una huella en la historia política de la Argentina contemporánea, pero que además dejó una huella en los corazones y en las cabezas de todos aquellos que pudimos compartir con él algún tiempo de militancia y de construcción política.

Yo miraba esas placas, y me imaginaba un diálogo entre estos hombres y estas mujeres, que en algún caso fueron contemporáneos y en otros tuvieron algunas diferencias en sus tiempos de actuación; pero que tenían muchas cosas en común. Guillermo era un hombre de una cultura universal, enciclopédica, así que no es difícil imaginarlo en un diálogo con Don Lisandro de la Torre, con Enrique del Valle Iberlucea, con Juana Elena Manso, con Dolores Dabat, con Juan Grela, con Emilia Bertolé, con Juan Álvarez. Porque Guillermo podía hablar de historia, de política, de sociología, de agricultura, de pintura, de música, de arte. Era un hombre que leía mucho pero sobre todo era un hombre que estudiaba, de una manera metódica y sistemática a lo largo de toda su vida.

Tuvo evidentemente una personalidad enorme, multifacética por donde uno lo quiera mirar, pero claramente su impronta más fuerte tuvo que ver con su construcción política. Empezó desde muy joven desde su militancia universitaria, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe. Allí como Presidente del Centro de Estudiantes, un joven militante logra rápidamente en el año ’58 una relevancia nacional, liderando la lucha de los estudiantes universitarios de la Argentina por la universidad laica y pública, en contra de aquellos que avanzaban con la universidad privada, la universidad confesional. Esa lucha que lo tuvo como protagonista le permitió rápidamente ser -aclamado por los estudiantes- Presidente de la Federación Universitaria Argentina. Ese quizás sea su primer gran logro político. Después, poco tiempo después, fundaría el Movimiento Nacional Reformista, porque entendió rápidamente la necesidad de generar y crear una organización que le diera vida a las ideas, que pudiera transformar la realidad. Él tenía, entre muchos sueños, el sueño de una universidad reformista, una universidad pública, libre, gratuita. Por eso trabajó toda su vida y el Movimiento Nacional Reformista es uno de sus grandes legados.

Unos años más tarde fundaría tal vez su mayor obra política, el Partido Socialista Popular, en 1972. Sería ese hecho, ese hito histórico de alguna manera, una refundación del Socialismo en la Argentina. Cambiaría la historia del socialismo contemporáneo, volvería a colocar al socialismo en el centro del escenario político, volvería a situarlo entre las grandes corrientes del pensamiento político argentino y nos daría la oportunidad que hoy tenemos de construir una gran alternativa nacional. Ese Socialismo que por obra de él también terminaría unificándose en el año 2002, y si bien no pudo verlo porque falleció un par de años antes, no hay ninguna duda de que el gran arquitecto y también el gran albañil de esa unificación del viejo tronco socialista fue Guillermo.

Había sido electo Diputado Nacional en 1987, retornando con él, el Socialismo al Congreso Nacional después de muchos años. Realizó una tarea legislativa enorme, a lo largo de muchos años. Fue Constituyente en 1994, uno de los mejores Constituyentes que tuvo la Argentina en ese año, de los que hizo más aportes, de los que participó en más debates. Siempre tratando de incorporar a la Constitución en pensamiento del Socialismo, las ideas de avance social, de avance y defensa del trabajo, de la soberanía nacional, de todas aquellas ideas que forman parte del pensamiento socialista.

Ese fue Guillermo Estévez Boero, una figura gigantesca en el escenario de la política argentina. Pero además de un gran político, de un dirigente enorme, Guillermo fue un maestro, un maestro de los jóvenes especialmente, de la juventud a la que le dedicó gran parte de su tiempo, de su esfuerzo, de su compromiso, de sus documentos, de sus conferencias. A los jóvenes, a su formación, a transmitirles su motivación, sus sueños, sus ideales, a convocarlos a la construcción de una organización política y de un país distinto.

También Guillermo fue un gran militante. Porque no era de esos dirigentes que estaban en la tribuna, que estaban en las grandes reuniones de cúpulas. Era un General y un soldado al mismo tiempo, siempre estuvo al lado de los compañeros, de los militantes, de los jóvenes, de los trabajadores. Recorría el país, recorría la provincia. Era un militante estricto, con él mismo primero y después con el resto de sus compañeros, orgánico, sistemático en la organización de su trabajo político. Yo lo recuerdo – de tantas imágenes que uno tiene de haber compartido con él- una en particular, que a mí me impresionó mucho, y que hoy todavía -si cierro los ojos- la tengo muy vívida en la memoria. Una tarde como hoy sería, de fin de año, 6-7 de la tarde, un calor parecido al que hace hoy, en el Barrio La Tablada, en nuestro histórico local de calle Convención, que tanto conocen Antonio y Hermes. Alí estábamos con unos 20-25 compañeros trabajadores, nuestro querido Sixto Sosa, y otras compañeras y compañeros muy humildes de ese barrio. Allí estaba Guillermo, explicándoles la realidad de la Argentina, sería el año ’87-’88. Explicándoles cuál era el planteo del socialismo. Y yo pensaba para mí –y sigo pensando hoy- qué extraordinaria estatura moral, que profundo compromiso con la causa que él se había propuesto, que convicciones tan fuertes hay que tener para estar allí en ese lugar, ese día. Un hombre que podía estar con Raúl Alfonsín, con Willy Brandt, con Ricardo Lagos, y al otro día podía estar allí en La Tablada con un grupo de humildes trabajadores, explicándoles con el mismo entusiasmo sus ideas. Ese era Guillermo, esas cosas lo pintaban de cuerpo entero.

Pero yo, la verdad que si tuviera que quedarme con alguna de sus facetas, de los valores de su rica personalidad, tal vez –pensando en el país de hoy- me quedaría con esa capacidad que tenía para construir utopías, sueños, ideales. Pero además para poder transmitirlos, porque era un gran sembrador de sueños y de utopías. Tenía esa capacidad fantástica de los grandes líderes políticos de poder transmitir y motivar a otros, y pode representar un mundo ideal pero posible, y comprometernos a trabajar por ese mundo. Ese fue Guillermo y por eso dejó una huella tan profunda en cada uno de nosotros.

En este país de hoy, un país agobiado no sólo por el calor y los cortes de luz,  sino agobiado por al corrupción, por la soberbia, por la prepotencia, por la violencia, por el narcotráfico, por la inflación, por la improvisación, qué necesidad habría hoy en la Argentina de hombres como Guillermo y de una utopía para un país que necesita reconstruir un proyecto de futuro, que necesita un horizonte y una propuesta para seguir adelante. También nosotros hoy, como socialistas, estamos necesitados de esa utopía, de esa fuerza, de esa convicción para construir nuestro sueño, para seguir avanzando porque hoy la Argentina nos necesita. Hermes tiene sobre sus espaldas un extraordinario desafío, todos nosotros lo tenemos y las utopías, los sueños, los ideales son el alimento para poder concretar esos grandes proyectos.

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