Un gran Presidente: Arturo Illia

miguel_lifschitz_aniversario_fallecimiento_arturo_illiaEl 18 de enero de 1983 fallecía Arturo Illia, presidente austero, honesto, de fuerte convicción republicana, defensor a ultranza de la democracia y la soberanía nacional.

Profundo conocedor del mundo y sus problemas, con una clara visión del futuro, de los desafíos del país y de su gente. Poseedor de un elevado nivel cultural y forjador de un modo de hacer política basado en el diálogo, el respeto de las instituciones, la inclusión social y la reivindicación de la educación como motor para el desarrollo y el crecimiento de la Nación.

En 1963 iniciaba su mandato diciéndole al pueblo “Esta es la Hora de la Revolución Democrática, la única que el pueblo quiere y espera, pacifica, si, pero profunda, ética y vivificante.” Durante su gobierno se sancionaron leyes y se ejecutaron políticas que posibilitaron el crecimiento del PBI, la reducción de la deuda externa, la diminución del desempleo, el aumento del salario de los trabajadores y la reducción del gasto público. Se dictaron importantes leyes sociales, tales como la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil, la Ley de Abastecimiento y La Ley de Medicamentos, que establecía una política de precios fijos y control de medicamentos, poniendo un límite a las ganancias de los laboratorios multinacionales. Se anularon los contratos petroleros que dejaban en manos de empresas privadas extranjeras el usufructo de la extracción de combustible, defendiendo de esta manera los intereses y derechos de la Nación. Se promovió la educación laica gratuita y obligatoria, se fortaleció la autonomía universitaria y se jerarquizo el estudio superior. La incidencia de la educación en el presupuesto nacional alcanzo el 23 %, siendo este el mayor presupuesto destinado a educación en la historia de nuestro país. Se opuso a la intervención armada de Estados Unidos en República Dominicana y defendió la Soberanía Argentina sobre Malvinas, logrando una resolución favorable en las Naciones Unidas, que instaba a Gran Bretaña a sentarse a debatir el tema.

El golpe de estado del 28 de junio de 1966, lo encontró en su oficina de la Casa Rosada, acompañado por sus ministros y colaboradores; en ese momento se erigió una vez más en defensor de la democracia y la constitución nacional, resistiendo el golpe con la fuerza de la palabra y dejándole claro a los insurrectos que ellos avergonzaban al ejército de San Martin y Belgrano y que iban a arrepentirse de cumplir esas ordenes. Al día siguiente se presento ante el escribano general del gobierno para rendir cuentas de sus bienes. El médico honesto, que había llegado a la presidencia con una casa, un auto y 300.000 pesos, se iba del gobierno solo conservando su casa y devolviendo al fisco los fondos reservados para gastos, sobre los cuales no estaba obligado a rendir cuentas.

Tras su salida del gobierno volvió a trabajar como médico en el norte de la provincia de Córdoba y renunció a la jubilación que como ex presidente le correspondía.

Arturo Humberto Illia falleció, en un hospital público de la ciudad de Córdoba, dejando como principal legado a las futuras generaciones un fuerte mensaje ético: la honestidad, la austeridad, el dialogo y la defensa de la democracia son los pilares fundamentales sobre los cuales debe forjarse y desarrollarse la política de un país.

A más de tres décadas de su desaparición física los socialistas lo recordamos por su ejemplaridad, por su obra de gobierno y por su dignidad republicana.

En un país agobiado por la corrupción, la falta de diálogo y el autoritarismo, es bueno recuperar las figuras ejemplares de nuestra historia democrática.

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