A 30 años, vamos por más y mejor democracia!

El 10 de diciembre pasado hemos celebrado los 30 años continuados de democracia en nuestro país. Un hecho trascendente de nuestra vida política e institucional en el último siglo de historia argentina. Hoy todos hablan de democracia y a nadie se le ocurriría plantear, afortunadamente, la posibilidad de la existencia de un gobierno que no sea electo por la voluntad popular, aunque tal vez algunos todavía añoren los gobiernos militares.

Pero los socialistas tenemos autoridad política y moral para hablar de democracia. Resistimos la dictadura del ‘66 en las calles junto a los estudiantes y los trabajadores en Rosario, Córdoba y el resto del país y advertimos sobre la necesidad de no alentar la violencia y sostener al gobierno democrático en 1976, cuando buena parte de los partidos políticos tradicionales acompañaron el golpe militar o lo miraron con simpatía.

Fuimos parte de las organizaciones políticas que lucharon por la recuperación de la democracia en el ‘83. Pero además, a lo largo de estos 30 años hemos trabajado activamente, desde el gobierno o desde la oposición, para profundizar el proceso democrático y ensanchar las bases de la participación ciudadana.

Hoy se discute mucho sobre la calidad de la democracia. En 1983 recuperamos la democracia formal, una democracia representativa o delegativa. Sin embargo, en estos 30 años, avanzamos muy poco en términos de calidad y profundidad del proceso democrático.

En 1994 se reforma la Constitución Nacional y se incorporan nuevos institutos de participación ciudadana y control social. También lo hacen la mayoría de las Constituciones provinciales reformadas en este período. Pero en realidad  poco y nada se ha hecho para poner en práctica esos instrumentos.

Sin ninguna duda, las experiencias más exitosas en términos de fortalecimiento y de avances hacia una democracia más participativa se dieron en los municipios. El Presupuesto Participativo de Rosario, que se viene implementando desde el año 2001, es el mejor ejemplo.

El socialismo entiende a la democracia no sólo como una herramienta para la organización de la sociedad, sino como una cultura individual y social, que permite el crecimiento de la conciencia colectiva, el desarrollo pleno de las personas y la construcción de ciudadanía en escenarios de mayor igualdad, de más libertad y de más solidaridad.

La democracia que queremos es una democracia viva, vibrante, que convoque, que movilice, que eduque,  que integre, que ayude a vivir en comunidad. Que promueve  el consenso y la concertación. Que reconozca las miradas y los intereses diversos y permita resolver los conflictos y las diferencias de manera pacífica, priorizando siempre el interés general.

Son condiciones necesarias aunque no suficientes para avanzar hacia una democracia de mayor calidad, el respeto irrestricto a la Constitución Nacional, la vigencia de la independencia  de poderes, la existencia de organismos de control autónomos y efectivos, la libertad de prensa y de expresión, la posibilidad de la alternancia política, la existencia de reglas de juego claras y estables, la transparencia en la administración del Estado, la existencia de ámbitos de diálogo político y social, la previsibilidad, la planificación de largo plazo, las políticas de estado, la descentralización del estado y del poder.

También resulta indispensable reemplazar el modelo de liderazgo autoritario y personalista, tan tradicional en Argentina. Estos estilos de conducción y liderazgo son contradictorios con el desarrollo de una democracia más avanzada.

Una democracia más intensa, más participativa, de mayor profundidad y calidad demanda liderazgos democráticos. La tarea del liderazgo es eminentemente social. Se realiza en relación a los otros y con el objeto de transformar una realidad alcanzando determinados objetivos vinculados al interés general. Es un proceso colectivo que genera conciencia, amplía derechos y promueve mayores grados de libertad y autonomía, que construye ciudadanía. El desafío no es sólo guiar a otros sino empoderarlos. Podemos hablar así, de un líder que “sirve”, en la doble acepción del término; que es efectivo en su tarea de conducción y, además, que es funcional a la causa o al proyecto político que alienta, asumiendo una actitud de servicio a su comunidad.

La participación democrática, entonces se convierte para el socialismo en un objetivo en sí mismo, es un instrumento, pero también un requisito indispensable para la inclusión y la cohesión de la sociedad.

La Argentina necesita hoy salir del laberinto. Romper con el círculo de gobiernos democráticos débiles o populistas, que inevitablemente terminan en una crisis económica y/o política, para luego recomenzar con una nueva esperanza, que volverá a repetir el final anunciado. Esto ocurre desde hace un siglo en nuestro país.

La Argentina de la democracia, del sufragio universal que se inicia en 1916 con Irigoyen, avanzó a los tropezones a lo largo de estos casi 100 años. Nunca contó con un proyecto de futuro que supere y resuelva definitivamente los problemas estructurales del país. Para ello, se requiere un cambio de paradigma cultural y politico que nos permita avanzar hacia un nuevo estadio del desarrollo social, económico y humano en nuestro país, con más y mejor democracia.

Fragmento de la Charla de Miguel Lifschitz en el XXV Campamento de la Juventud en Oliveros, 3 de enero de 2014.

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