25 años de progresismo en Rosario. Una nueva política para la Argentina.

miguel_lifschitz_25_años_perspectivablogEl próximo mes de diciembre se cumplen 25 años desde que, por primera vez, aquel pequeño Partido Socialista de entonces, llegara, para sorpresa de muchos, al gobierno municipal en la ciudad de Rosario. Dos décadas y media de trasformación en esta ciudad, pero también de construcción política en toda la provincia de Santa Fe.

El surgimiento, desarrollo y crecimiento de esta experiencia política que hemos construido desde Rosario y desde Santa Fe y que hoy se proyecta a la Nación es la mayor novedad que ha ocurrido en materia política en la Argentina en estos treinta años de democracia. Hoy podemos ver el sueño de una Argentina distinta al alcance de la mano.

Estamos orgullosos de estos 25 años de construcción política y de gestión pública. 25 años de progresismo en los cuales no hemos tenido que arrepentirnos de ninguna de las decisiones políticas tomadas, de ninguna de las acciones que llevamos adelante, no hemos tenido que arrepentirnos de ninguno de los funcionarios del socialismo que en los distintos momentos integraron los equipos de trabajo. Hemos sido fieles a nuestros ideales, a nuestras convicciones, a nuestra ideología. En este tiempo donde muchos suponen que las ideologías no existen, nosotros hemos reivindicado el papel de los valores, de la coherencia, de los principios del socialismo, a la hora de tomar decisiones políticas.

Hoy también nos toca enfrentar problemas complejos y difíciles, problemas sociales que no son consecuencia de nuestras políticas locales. No es resultado de nuestras políticas locales el crecimiento de un sector de pobreza estructural dura en la Argentina a lo largo de más de dos décadas, un sector de pobreza extrema que no ha podido salir adelante a pesar de estos años de bonanza económica, cuyos beneficios finalmente han ido a parar a pocas manos. No es consecuencia de nuestras políticas locales que se haya instalado el narcotráfico en la Argentina, que haya crecido la desigualdad, que haya avanzado la corrupción.

Sin embargo, sí nos toca hacernos cargo y enfrentar las consecuencias de esas políticas y de esas acciones. Hoy tenemos que asumir la situación desesperante de muchísimas familias que viven en condiciones de precariedad, de hacinamiento y con profundas carencias. La mayor parte de ellos son jóvenes, que han perdido toda esperanza y toda expectativa ante la vida. Afrontamos este desafío con coraje, con decisiones políticas claras, pero –fundamentalmente-con una mirada social de la realidad.

Vivimos en un país con una economía inflacionaria, desquiciada, hiper-concentrada, que saquea a los sectores de menores ingresos. Una economía que, lejos de ayudar a una mejor distribución de la riqueza, la concentra cada vez más en pocas manos. Nunca antes ha habido tanta concentración de la riqueza. Nunca antes las grandes corporaciones económicas han tenido tanto poder como ahora. De esta manera, la realidad desmiente el impostado discurso del gobierno nacional.

Tenemos una economía basada en las actividades primarias, en la sojización, en la extracción irracional de nuestros minerales y de nuestros recursos naturales, con grandes costos ambientales. Habitamos una Argentina donde ha crecido la especulación inmobiliaria y el juego, donde florecen los bingos y los casinos por todas partes. Esa es la economía que nos deja esta década de kirchnerismo. Una sociedad cada vez más desigual, donde las diferencias sociales se hacen cada vez más evidentes, generando confrontación y ruptura del tejido social. Allí donde los sectores más poderosos, que están en mejor posición económica, ostentan el lujo de los altos niveles de vida que da la riqueza, a pocas cuadras tenemos familias que viven en situación de indigencia.

Estamos en una Argentina, además, donde la corrupción se ha instalado en todos los resquicios de la vida económica y social y no sólo en los altos niveles del gobierno nacional, con los casos de notoriedad pública, tan escandalosos que no reconocen antecedentes en la historia política argentina.

Por eso, no nos debe sorprender que hayan crecido la violencia, el delito, la inseguridad en nuestro país. Son la consecuencia inevitable de esos procesos de degradación moral e institucional de la Argentina. Ya nos lo advertía, con una clarividencia extraordinaria, Guillermo Estévez Boero, hace más de dos décadas atrás, cuando alertaba sobre esos peligros en la sociedad argentina. Sin embargo no se hizo nada en aquel momento, ni tampoco en las décadas posteriores.

En Santa Fe estamos fuertes y tenemos capacidad para enfrentar estos problemas, los hemos estudiados y tenemos experiencia. Hemos acumulado una práctica de muchos años en el abordaje de las problemáticas sociales y por eso estamos enfrentado estas dificultades como hay que hacerlo, como en ningún otro lado de la Argentina se está haciendo hoy. Con la reforma del sistema procesal penal y con la reforma del sistema policial y de seguridad y también abordando los aspectos sociales y los aspectos urbanos del problema.

Porque todos escuchamos diariamente a muchos especialistas que nos hablan de la reforma de sistemas policiales, de sistemas de seguridad, con ejemplos de lo que se hace en Colombia, de lo que se hace en Israel, pero nadie puede referenciar un caso en nuestro país. El único lugar en el que se está llevando a cabo una reforma de la policía y de la justicia es la Provincia de Santa Fe.

Por eso, tenemos que tener la capacidad, la fortaleza de poder consolidar los logros que vamos alcanzando, y transmitir lo que estamos haciendo: el proyecto de Santa Fe. Porque éste es el proyecto para el futuro. El proyecto para seguir cambiando Rosario, para seguir cambiando Santa Fe y para transformar la Argentina.

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