Un proyecto político con historia y con futuro

unnamedLa semana pasada tuvimos la oportunidad de compartir con nuestros amigos uruguayos del Frente Amplio la alegría de un gran triunfo electoral que llevará a partir de marzo próximo al Doctor Tabaré Vázquez una vez más a la Presidencia de Uruguay.

Los uruguayos son un pueblo muy especial: muy respetuoso, muy tranquilo, pero de ideas firmes. Es un país admirable, una Nación hermana con la que hemos compartido buena parte de nuestra historia. Yo me preguntaba -mientras celebrábamos junto a ellos este tercer triunfo electoral nacional- cuál es el secreto para que esta coalición de distintos partidos políticos haya logrado quebrar la hegemonía de los partidos tradicionales del Uruguay -el Partido Colorado y el Partido Blanco- a partir de la asunción del propio Tabaré Vázquez como Intendente de la ciudad de Montevideo veinticinco años atrás. Desde la llegada al gobierno del primer Intendente del Frente Amplio, a lo largo de esas dos décadas y media, distintas gestiones han continuado ese proyecto. Y también a nivel nacional llevan ya dos períodos de gobierno así cumplidos.

¿Cuál es el motivo que hace que un proyecto pueda tener esa vigencia, continuidad y fortaleza para mantener el respaldo de los ciudadanos que inundaron las calles de Montevideo? Yo creo –y lo comparto con ustedes- que hay dos motivos fundamentales. Uno tiene que ver con haber mantenido a lo largo de todos estos años un conjunto de principios, valores, ideas y conceptos fundamentales que más allá de las marchas y contramarchas -de los aciertos y errores de la gestión- se han sostenido con coherencia. A ese factor se suma, simultáneamente, la capacidad de renovarse, reorientando proyectos, planteando nuevas iniciativas, adaptándose a los cambios y a los nuevos desafíos que impone la realidad y que demanda la sociedad, la economía y la política. Con audacia a veces, proponiendo cuestiones innovadoras, siempre con proyectos de futuro, un paso más adelante que el resto de las fuerzas políticas del Uruguay.

Hago esta disquisición sobre la experiencia uruguaya, porque tiene notables coincidencias con nuestra propia historia en Rosario y en Santa Fe. Casualmente en el mismo año en que Tabaré Vázquez logra la Intendencia de Montevideo aquí también nosotros llegamos a la Municipalidad de Rosario, veinticinco años atrás, en 1989. Así como el Frente Amplio lleva ya dos períodos de gestión en el gobierno nacional, nosotros transitamos ese camino en el gobierno de Santa Fe. Incluso es tanta la coincidencia que actualmente la ciudad de Montevideo está gobernada por una mujer, Ana Olivera, igual que la ciudad de Rosario es conducida por primera vez por otra mujer, Mónica Fein.

Cuando pienso en estos paralelos, en estos caminos similares recorridos de manera contemporánea, creo que nosotros también hemos tenido la fortaleza para lograr a lo largo de tantos años mantener un conjunto de ideas, principios y valores que han caracterizado a nuestra gestión y que nos han permitido llegar hasta aquí. Principios que tienen que ver en primer lugar, con la ética pública, con una idea de transparencia, con gobiernos donde no hay negociados, sospechas de corrupción, testaferros, cuentas en Suiza, bóvedas ocultas o empresas fantasmas. Puedo ilustrarlo con un significativo ejemplo: nuestro máximo dirigente a nivel nacional y también en la provincia de Santa Fe -Hermes Binner- sigue viviendo en la misma casa en donde yo lo conocí, hace más de treinta y cinco años.

Coincidimos en una idea muy sólida respecto de la importancia de las instituciones, de lo que representa la calidad institucional. Los valores republicanos, la idea de equilibro entre los tres poderes, la independencia de la justicia y la autonomía de los órganos de control, son principios centrales que hemos respetado y defendido a lo largo de todos estos años. A veces teniendo mayorías legislativas y en otras ocasiones -como actualmente- estando en minoría en los parlamentos o en los concejos municipales.

Compartimos también una idea muy fuerte de la democracia, una democracia de proximidad, con  base en la participación ciudadana. Desde un principio asumimos que la democracia representativa era insuficiente para expresar las demandas y necesidades de los ciudadanos, las aspiraciones de la gente de poder comprometerse y decidir en el día a día de la gestión pública. Por eso desarrollamos una cantidad muy importante de espacios para canalizar esa interacción directa, como el Presupuesto Participativo en Rosario, las Asambleas Ciudadanas a nivel provincial, el Consejo de Seguridad, las Mesas de Diálogo Barrial, el Consejo Económico y Social y tantas otras instancias en las que seguramente muchos de ustedes han participado y participan.

Otra concepción que nos ha caracterizado  es la planificación y la construcción de verdaderas políticas de Estado. Los gobiernos son transitorios pero el Estado debe tener políticas de largo plazo. Por eso hemos promovido en Rosario su primer Plan Estratégico y un segundo Plan Estratégico Metropolitano, junto a un Plan Urbano y un Plan de Movilidad. Al llegar al Gobierno de Santa Fe impulsamos también por primera vez un Plan Estratégico de alcance provincial, un Plan de Acueductos, un Plan de Gasoductos. Porque así entendemos el desarrollo de una política de gobierno, seriamente, con objetivos de largo plazo y planificación para alcanzarlos. Y también  hemos entendido la importancia del desarrollo sustentable, incluso mucho antes de que ese concepto se pusiera de moda. Siempre creímos en un desarrollo económico que debía basarse en un mercado fuerte, privado, competitivo; pero junto a un Estado presente, sólido, con capacidad de intervenir para fijar estrategias de largo plazo, planificar y establecer reglas de juego, porque sólo desde allí se puede velar por el bien común. Por ello planteamos de manera vanguardista la articulación entre lo público y lo privado, como un modelo virtuoso para el desarrollo económico. Impulsando siempre estrategias de redistribución de recursos, para que los sectores más postergados puedan mejorar sus condiciones de vida.

Finalmente, hay que decir que le dijimos desde un principio no a la demagogia, no al populismo, porque ambos conceptos han sido en la Argentina de las últimas décadas como una mancha de aceite que ha contaminado a la sociedad y a la economía, y hoy sufrimos sus consecuencias.

Sostuvimos estas ideas, este núcleo de valores y conceptos contra viento y marea, en los ’90 cuando el viento soplaba desde un lado, y en esta última década donde el viento –aparentemente-soplaba desde otro lugar. Porque creemos en nuestros valores y sabemos que ésta es nuestra fortaleza. Y cuando hablo en plural, no me refiero exclusivamente al Partido Socialista que hoy nos convoca; sino que me refiero al Frente Progresista Cívico y Social: una gran experiencia innovadora en la política argentina. No existe otro caso similar en ninguna provincia -y mucho menos a nivel nacional- de un frente programático de partidos que han superado sus diferencias, logrando consolidar una historia común de casi dos décadas.

Eso es lo que somos, en lo que creemos y lo que tenemos para ofrecer. Sabemos que los desafíos por delante no son simples, pero tenemos la experiencia y la convicción de que otro camino es posible. No sólo en una ciudad o en una provincia. Desde el otro lado del río, Uruguay nos demuestra que también hay otro camino posible a nivel nacional.

En estos tiempos de política light, donde algunos artistas se dedican a la política y algunos políticos se hacen los artistas, donde el lugar del debate político termina siendo la televisión basura como los programas de chimentos, nosotros venimos a proponer una política en serio, hecha con alegría, pero en serio. Por eso el Socialismo y el Frente Progresista que ya han hecho historia en Santa Fe, tienen, a la vez, un futuro que recién empieza.

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