Lectura recomendada: La perspectiva progresista de Lifschitz por Rafael Ielpi

Miguel_LifschitzHace algunas semanas presenté mi libro “Perspectiva: una bitácora digital sobre gestión y política” en la 41º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Aquí comparto el prólogo que tan generosamente escribió Rafael Ielpi, y que La Vanguardia publica en su edición digital.

La concreción, en su momento, del Frente Progresista Cívico y Social en la provincia de Santa Fe, significó la experiencia política más importante de las últimas dos décadas. Y los ya casi veinte años de gobierno municipal en Rosario y los ocho en la provincia han demostrado que la propuesta progresista que tuvo al socialismo como impulsor y al radicalismo como aporte cuantitativamente relevante, encontró en la ciudadanía apoyo necesario para esa continuidad.

Miguel Lifschitz fue uno de los protagonistas de aquella propuesta y también uno de los que debieron, desde la gestión municipal primero y desde el gobierno de Rosario después, honrar los objetivos que el FPCS había señalado como la base de una administración que recupera desde la Casa Gris la alicaída imagen de la “provincia invencible” desde la obra pública, la infraestructura vial, educativa y de salud, la jerarquización de la cultura, el apoyo a la producción, la creación de normas para el mejoramiento de las instancias judiciales, etc. En Rosario, dando continuidad a los dos períodos en los que el Frente – con Hermes Binner como intendente – modificó significativamente casi todo lo que hace a la calidad y dignidad de vida de los habitantes de la ciudad.

Problemas que hoy azotan a las grandes ciudades argentinas son y fueron también una preocupación permanente, de soluciones nada fáciles si no se definen políticas de Estado desde el poder nacional, teniendo en cuenta que la violencia y el narcotráfico han ganado terreno en todo el mundo. Esa deuda, que se ha asumido desde las instancias provinciales y municipales en la medida que les corresponde, el FAP sigue bregando por darla por saldada, muchas veces en llamativa soledad, como una tarea prioritaria.

Sintiéndome parte de esa propuesta que en Santa Fe tiene a las experiencias aleccionadoras de Uruguay y de Chile como ejemplos, no para intentar una traslación mecánica de las mismas sino para aprovechar lo sin duda positivo que han sido a la luz de las transformaciones logradas y el apoyo de la ciudadanía, cada uno de los temas que Miguel Lifschitz aborda en este libro apuntan a señalar la necesidad de profundizar esa positiva concertación lograda por hombres y mujeres del progresismo en una de las provincias claves del país.

Sería en realidad ideal que aquellos que han gobernado una ciudad o una provincia o se postulan para hacerlo, expresaran en la letra impresa sus propuestas, sus juicios sobre la realidad económica, la situación social, la educación, del porvenir de los jóvenes y el sustento ideológico y humano que los conforma. Y también que dejaran en claro las soluciones que proponen a los problemas más acuciantes de su comunidad.

En una provincia en la cual se alabó en algún político la parquedad como signo de aguda inteligencia en lugar de suponerla como característica de los que tienen poco para decir y poco para proponer y se premió con el voto el humor escatológico de algún candidato, la apuesta de Miguel Lifschitz se asienta sobre algo distinto y superior: su capacidad para hablar bajo forma de libro no sólo porque la experiencia de gestión de un proyecto político que lo tuvo entre sus protagonistas sino también sobre los logros del mismo y los desafíos asumidos y superados en la provincia de Santa Fe y en la ciudad de Rosario, a través de una apuesta frentista que se distinguió y diferenció en un país históricamente bipartidista.

Lifschitz ratifica en estos textos algo más: su temprana y militante elección del socialismo como la ideología capaz de concretar modificaciones valederas en la condición de vida de la gente y en el mejoramiento de las instituciones, en el único marco que muchos imaginamos como el único posible: el de una democracia en el que la equidad social, la aceptación de la pluralidad ideológica y del disenso, la transparencia en la función pública, la honestidad de quienes gobiernan y la capacidad de generar políticas de estado que garanticen todo eso, reemplacen a las lacras que desde hace dos décadas parecen confirmar el perverso ADN de quienes conducen nuestros destinos, más allá de haber sido democráticamente elegidos: la corrupción, el populismo prebendario y el enriquecimiento personal.

En un momento del país en el que el transfuguismo ha ingresado desvergonzadamente en el ámbito de la política, promoviendo saltos ideológicos inimaginables el día anterior, no es menor la consecuencia de quienes como Miguel Lifschitz han mantenido su fidelidad a un ideario.

RAFAEL IELPI es periodista, poeta e historiador. Actualmente es director del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. El presente texto es su prólogo al libro de Miguel Lifschitz: Perspectiva “Una bitácora digital sobre gestión y política” (Homo Sapiens, 2015)

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